martes, 4 de octubre de 2016

Las guacamayas y el origen de los Cañaris



La idea de un gran diluvio se ha estudiado desde muchas culturas y desde diversos pensamientos religiosos. Por ejemplo, la tradición Judeo-Cristiana afirma que Noé, hijo de Lamec, construyó una barca en la cual hizo subir, por parejas, a una gran cantidad de animales a los cuales les salvó de la muerte por ahogo y que luego fueron los pobla­dores del planeta.
 De la misma forma muchos pueblos originarios transformaron en mito tal fenómeno natural. El mito Cañari es un ejemplo.  Los cañaris habitaron en el centro sur de la región andina del Ecuador, en las actuales provincias de Azuay y Cañar. 

Según uno de sus mitos, el dios Pachacacama resolvió castigar hasta su extinción al pueblo de los Cañaris, mediante un devas­tador diluvio. Mientras las aguas diluviales subían de nivel, también un cerro iba creciendo, pero dos jóvenes robustos y fuertes lograron llegar a su cima. Terminado el diluvio y los pocos alimentos que encontraron, los dos jóvenes salieron a recorrer cerros y valles en busca de comida. Con materiales que encontraron construyeron una choza en la que se refugiaron. Día tras día tenían que salir a recoger raíces y ramas tiernas, que era lo único que había para alimentarse. Pasaban hambre, sed y tenían arduo trabajo para subsistir entan pobre lugar. 

Un buen día, al regresar a su refugio, con feliz sorpresa, encontraron que estaba lista una apetitosa y abundante comida, así como un recipiente de refrescante chicha (bebida fermentada de maíz). El milagro se repitió por dos semanas y cada vez con mejores alimentos. Los jóvenes, curiosos, trataron entonces de descubrir quién era el bienhechor que les estaba salvando la vida. Decidieron que el mayor de ellos permaneciera en la choza, escondido, para ver quién o quiénes traían los alimentos. 

Con gran asombro el que se quedó vio que venían dos aves que en idioma de los nativos llaman guacamayas. Venían vestidas como Cañaris; y que, llegadas a la choza, la mayor de ellas vio al hombre escondido que se quitó la lliclla, que es el manto que usan, y que empezó a hacer de comer de lo que traían, y que como vio que eran tan hermosas y que tenían rostros de mujeres, salió del escondrijo y arremetió a ellas; las cuales, como el indio viera con gran enojo, se salieron y se fueron volando, sin hacer ni dejar este día que comiesen.


Aquel día tuvieron pues que ayunar. Era ya muy tarde para salir a recolectar raíces y yerbas. Los tres días siguientes, afligidos, volvieron a la pobre dieta vegetariana. Por fin, al cuarto día retornaron las guacamayas. Esta vez fueron muy amigables, se quedaron haciéndoles compañía, y los "jóvenes pudieron tener acceso y cópula carnal". De esa unión surgió el pueblo de los Cañaris.

Fuente: Naranjo, Putarco (2012), Mitos, tradiciones y plantas alucinantes, UASB, Quito. 


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