viernes, 3 de febrero de 2012

SERPIENTE AMARU, SABIDURÍA EN EL CIELO Y LA TIERRA.



La leyenda relata que tras una gran sequía, de su hocico salió la bruma que cubre la cima de las montañas; movió sus alas y comenzó a llover y de su cola se desprendió granizo. Amarú permitió entonces el regreso de las aguas, cuando la vida estuvo a punto de extinguirse. Simboliza así la divinidad que distribuye, a través de los canales, el agua que baja de las montañas para regar los cultivos. Los andinos creen, además, que de las escamas de Amarú nacen todas las realidades y los sueños.[1]



Amaru (serpiente en quechua) es fundamental en la cosmología e iconografía andina. Simboliza al agua, la fuerza del rayo, la continuidad, la vía láctea, los ríos, los caminos sagrados, la unión entre el cielo y la tierra. Es un animal que con su fuerza atraviesa mundos, buscando el equilibrio totalitario.
Un ser mítico que es mediador entre la tierra y el sol.

Amaru es símbolo de sabiduría: el pasar por los Pachas le concede el gozo de los conocimientos tanto del Jawa (Hanan) como del Uku, lo que también se puede decir como que ese viajar entre los espacios le concede el privilegio o la virtud de poder “ver” lo oculto para sacarlo a la luz.

Para el entendimiento judeo-cristiano la visión que se tiene de la serpiente está ligada al mal o al demonio. En la Biblia, la serpiente es un animal maléfico, portador de la desgracia, es por su culpa que Eva cae en el pecado al recibir el fruto prohibido, y es por consumir de ese fruto que la humanidad entera nace con ese “pecado original”. 




En los Andes, los conceptos de espacio y tiempo están representados en un único término, pacha. Pacha, precedido o seguido del término adecuado, puede dar lugar a la determinación de lugares, la delimitación de fases históricas o  la expresión de presente pasado y futuro. Es decir, presenta la facultad de aunar lo estático  y lo dinámico, posibilidad que no existe en la cosmovisión occidental-católica. [2]

1. Hanan Pacha (mundo de arriba, celestial o supraterrenal. En la tradición andina se definió al Hanan Pacha como el mundo superior donde habitaban los dioses como Viracocha o Wiracocha, Inti, Mama Quilla, Pachacamac, Mama Cocha, etc.

2. Kay Pacha (mundo del presente y de aquí): en la cosmovisión andina, Kay Pacha es el nombre del mundo terrenal, donde habitan los seres humanos y pasan sus vidas.
3. Uku Pacha (mundo de abajo o mundo de los muertos): en la mitología andina, Uku Pacha era el mundo de abajo o mundo de los muertos, de los niños no nacidos y todo lo que estaba debajo de la superficie de la tierra o del mar. Las fuentes, cuevas u otras de las aberturas de la superficie terrestre eran consideradas líneas de comunicación entre el Uku Pacha y el Kay Pacha.


 EL MITO DE AMARU

En la cosmología Inca, Amaru es Anaconda, la serpiente del agua. En su esencia van asociadas nociones centrales de esta cosmología, tales como ancestros, cielo, tierra, ríos, quebradas, lluvia, canales de riego, piedras, cuevas, fertilidad y procreación.

Distintas fuentes de cronistas mencionan la importancia de Amaru y su papel en la cosmología Inca.  Se indica que los Incas descienden de amarus y serpientes, siendo éstos, por lo tanto, considerados como ancestros de los Incas.

En un relato de Santacruz Pachacuti Yamqui[3] acerca de un acontecimiento milagroso ocurrido en la época del nacimiento del Amaru Topa, hijo de Pachacuti, nacido en Vilkas. Se refiere a la aparición en el cielo de un animal mitad dragón mitad serpiente, que viajó por el aire desde las montañas de Pachatusan sobre Yungaypampa hacia Senqa, delimitando de esta manera el Cuzco. Así a Amaru Topa Inka le fue dado no sólo su nombre por este evento, sino también las tierras que estuvieron asociadas al mismo. Estas tierras, ubicadas al norte del Cuzco tienen características importantes relacionadas con el concepto de amaru: siempre dan buena cosecha porque están permanentemente húmedas y están sobre la frontera entre Chinchaysuyu y Antisuyu. Esta última región (la más húmeda de los Andes) estaba relacionada con el culto a la serpiente.

Truenos, lluvia, agua y fertilidad

El concepto de Amaru está estrechamente vinculado con los conceptos de humedad y agua en todas sus formas: truenos que traen lluvia y su transformación en ríos que finalmente serán utilizados a través de canales de irrigación para fertilizar las tierras de cultivo. Las características de los ríos y quebradas, con sus formas lineales y ondulantes, bien pueden estar relacionadas con el concepto de Amaru, como una similitud con los movimientos y la forma de la serpiente. Lo mismo puede decirse de la similitud formal entre los rayos y los movimientos y formas de las serpientes.
Así, Amaru como ser mítico es concebido como la serpiente que vuela por los aires, causa truenos y rayos en las tormentas, trae agua del cielo bajo la forma de lluvia y se transforma en ríos y quebradas. De esta manera, dadas sus características, este ser une el cielo y la tierra, trayendo fertilidad.

Tomado de: Incas y españoles a la conquista simbólica del territorio Humahuaca: sitios, motivos rupestres y apropiación cultural del paisaje. Boletín del museo chileno de arte precolombino Vol. 11, N° 2, 2006, pp. 9-34, Santiago de Chile.

LA CRUZ Y LA SERPIENTE

La llegada de un Cristianismo agresivo e inflexible confirmaba que la sumisión de los pueblos andinos a sus nuevos soberanos coloniales seria reforzada por lo que ha sido llamado sugestivamente "la colonización del imaginario";  Así, el paso de la serpiente a través de las llamas fue interpretado según el simbolismo cristiano (la identificación de la serpiente con el Diablo), como parte de un proceso mas amplio, mediante el cual las manifestaciones indígenas de lo sobrenatural eran canalizadas hacia un nuevo discurso cristiano de lo diabólico. Pero, aunque tanto españoles como andinos reconocían la resonancia sagrada de esta historia, no le atribuían la misma significación: un símbolo religioso puede ser compartido por dos grupos de personas y, sin embargo, significar algo diferente para cada uno de ellos. La serpiente ha sido siempre un símbolo poderoso, tanto en la cultura andina como en la cultura europea. Pero, si para los cristianos la serpiente encarna las fuerzas del mal, para los andinos representa el AMARU, una fuerza destructiva surgida de las entrañas de la tierra en un intento de reconstruir la estabilidad cuando no se mantiene una relación de equilibrio en el universo social y natural. En consecuencia, según la lectura andina del acontecimiento citado, la manifestación del Amaru da fe, no de la derrota de las fuerzas satánicas sino, al contrario, de la revitalización del mundo sobrenatural nativo.

Pues, de igual manera que la sumisión de los nativos andinos al poder español no había destruido el entramado de la sociedad Indígena, tampoco la humillación de la religión tradicional por los emisarios del dios cristiano significó la aniquilación de lo sobrenatural andino. Ciertamente, la experiencia de la derrota trajo como consecuencia un desorden sin precedente dentro de la esfera nativa de lo espiritual; la serpiente no salió incólume de su paso a través de las llamas de la persecución cristiana. Pero tampoco quedó reducida a un humeante montón de cenizas. En efecto, la religión nativa quedé posicionada en relación al cristianismo en gran medida de igual manera que lo estaban los nativos de los Andes en relación a los españoles: subordinada pero no eliminada. Sin embargo, mientras que el sometimiento nativo al gobierno español no podía ser derrocado fácilmente, la esfera de lo sobrenatural podía suministrar un campo de batalla en el que los andinos podrían desafiar a sus opresores. De hecho, la respuesta de lo sobrenatural andino al reto del cristianismo iba a adoptar la forma de una compleja dicotomía de sumisión y resurgimiento.

Tomado de: Nicholas Griffiths: La cruz y la serpiente. La represión y el resurgimiento religioso en el Perú colonial, Fondo Editorial de P. U. Católica del Perú, lima, Perú, 1998.

Recopilación bibliográfica: Mijail Sarzosa, Facso.





[1] Mailer Mattié: Los Andes, una cultura del agua:

[2] Óscar  Arce  Ruiz: TIEMPO Y ESPACIO EN EL TAWANTINSUYU: Introducción a las concepciones espacio-temporales de los Incas, Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 16 (2007)

[3] Se sabe por él mismo que fue natural de Santiago de Hanan Guaygua y HurinGuaygua Canchi de Urcosuyu, entre Canas y Canchis Collasuyo. Descendientede los caciques de dicha región. Hijo de Diego Felipe Condorcanqui y de doñaMaria Guayrotari, recalcando que todos sus antepasados paternos y maternosfueron bautizados en la fe católica.Hacia 1613 escribió su Relación de Antigüedades de este reino del Perú,crónica que narra la historia de los incas hasta la conquista. Lo que diferencia aPachacuti de otros cronistas es su mentalidad. Si bien es un hombre andinocristianizado, su narración mantiene las estructuras lingüísticas quechuas.Inclusive los pocos dibujos que posee esta crónica muestran la forma andina"geométrica" no figurativa de concebir al mundo.







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