miércoles, 3 de mayo de 2017

El alma: huye mientras dormimos

El alma (Ku mi), que habita todos los seres humanos y otros seres animados, torna la forma del cuerpo en el que vive, y tiene el poder de abandonarlo mientras duerme, y vagar a voluntad.

En su viaje recorre muchos sitios: cementerios, casas de campo, etc. Y está expuesta a numerosos peligros. Un Chamán podría, con su magia, llamar a una de estas almas errantes, ganar su confianza y hacerla beber chicha.


Entonces, una vez que está ebria puede introducirle en una piedra, una  serpiente, un insecto  o cualquier objeto maligno.
Cuando vuelve al cuerpo lleva consigo ese objeto que provoca la enfermedad y muerte del individuo, generalmente al mismo día al ocaso del sol, a no ser que sea atendido por un chamám.

Un peligro mayor para el alma, es que mientras anda errante, un chamán le ponga una trampa. Si cae en ella morirá, y su dueño jamás despertará.
En verdad, el alma es inmortal, y en cuanto consigue escaparse de la trampa, pasa a su existencia
futura, pero si el cuerpo ya ha perdido la vida, no podrá regresar a  él.
Tras la muerte las almas andan errantes corno en el sueño, frecuentando los cementerios y las casas donde vivían sus anteriores dueños.


Para los Chachis hay varias almas, y cada una se aloja en una parte del cuerpo, pero la que está en el pecho es la más grande e importante, es la que subirá al cielo donde recibirá o un premio o un castigo, pero las demás almas del mismo individuo quedarán en la casa o en sus alrededores hasta pasado un tiempo.


Vásquez, O. E. (2010). En Mitología ecuatoriana. Quito: Corporación Editora Nacional

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